Viaje antes que destino

Sekiro no hit Alexelcapo 2

Con estas palabras concluía Alejandro «Alexelcapo» Fernández su no-hit de Sekiro en la modalidad Shura. No es el primero en conseguirla —más de cien personas lo han precedido—, ni será el último, contando con la popularidad creciente de este fenómeno. Y, aun así, se siente especial. Por el alcance del creador, claro, pero también por lo cercano de su hazaña. Que una persona apenas familiarizada con el mundo no-hit haya sabido caminar el pedregoso sendero que implica tal gesta es una lección universal. Una que resuena como las palabras de Kaladin en el Puente Cuatro.

«He fracasado siempre antes.» «¿Y por eso fracasarás esta vez también?» «Sí.» Ella guardó silencio. «Muy bien —dijo al cabo de un rato—. Pongamos que tienes razón.» «¿Entonces por qué luchar? Me dije a mí mismo que lo intentaría una última vez. Pero fracasé antes de empezar (…).» «¿La lucha en sí misma no significa nada?» (…) Las palabras de Sigzil resonaban en su mente. ‘Vida antes que muerte. Fuerza antes que debilidad. Viaje antes que destino’.

El talento es esquivo, aleatorio e incontrolable. Un cúmulo de circunstancias biológicas y socioculturales sobre las que no tenemos poder. El trabajo y el sacrificio, sin embargo, son lo único sobre lo que ostentamos dominio. Adonalsium me libre de defender la cultura del esfuerzo y la meritocracia. El objeto de este texto no es encumbrar la no-hit de Alexelcapo, sino sus más de dos meses anteriores con Sekiro como bálsamo y tortura. No apunto al resultado, sino a la travesía. No escribo sobre el destino, sino sobre el viaje.

Ya sea aprobar una oposición y optar al trabajo al que siempre has soñado; ser comentarista de grandes ligas y hacer de eso al fin tu modus vivendi; traducir para los grandes equipos y alcanzar la siempre huidiza estabilidad; dar un paso atrás y volver a casa de tus padres para estudiar lo que de verdad te gusta. Convertirte en escritor. El final nunca está asegurado, y no mantiene una relación directa con el camino. Nuestra mejor baza reside en aumentar las probabilidades a costa del trabajo continuo y de los sacrificios injustos, en ocasiones.

¿Y para qué? Para no conseguirlo, quizás. Pues el objetivo nunca ha sido el final. Es precisamente la tóxica mentalidad dominante, que nos pinta el «cómo» a modo de medio, el gran error de base. Estudiar para aprobar. Trabajar para ascender. Tener pareja para no estar solo. Es un materialismo enfermizo, difícilmente aplicable a los tiempos que vivimos, y emplazado a años luz de aceptar la influencia del entorno, las circunstancias y el azar. No hay nada de malo inherente al estudio, al trabajo o a la pareja —citando los ejemplos—. El conflicto aparece cuando utilizamos y manipulamos los procesos, buscando en ellos más de lo que nos pueden dar, ciegos a la plenitud que debería venir previa a todo.

Sé que estoy utilizando este texto como balsa en aguas turbulentas, pero lo cierto es que estoy cansado del escepticismo. La nuestra es una generación escéptica porque no hemos tenido alternativa. El mundo es un caos, el bienestar no está asegurado y los sueños son mentira. Por eso, recientemente, me veo buscando hilos de esperanza. Porque estoy cansado, de nuevo, y necesito un seguro que me ayude a seguir, alguien que me diga que hay esperanza. Que lo que hago tiene valor independientemente de las interacciones, del dinero y de la repercusión. Y si ese alguien tengo que ser yo, adelante.

La no-hit de Alexelcapo en Sekiro es importante porque no es una excepción, ni un logro casual. Porque si quieres, no puedes, pero solo con la motivación que lleva al trabajo quizá tengas una oportunidad. Porque hay esperanza en lo que hacemos, joder. No necesitas talento innato para embarcarte en un viaje que siempre va a llevarte a algún sitio. Es posible que no sea el final que esperabas, que no llegues a la conclusión que anhelabas cuando empezaste. Puede que no apruebes la oposición; que sigas comentando en plataformas humildes; puede que trabajes dentro de la inestabilidad durante años; que no te guste tanto aquello que querías estudiar. Que no vendas un solo libro.

Mientras sigas respirando —viaje antes que destino—, y hasta que dejes de hacerlo —vida antes que muerte—, habrá merecido la pena —fuerza antes que debilidad—. ¿Verdad? Yo creo que habrá merecido la pena. Al menos es lo que necesito que alguien me diga: que habrá merecido la pena. Y creo que no soy el único.