Profesional es un sustantivo

Ibai Messi PSG Entrevista

Nunca me ha gustado escribir sobre la rabiosa actualidad. En este caso, sobre Ibai, su entrevista a Messi y la polémica suscitada. Imagino que, en parte, se debe a la aversión que le profeso a la expresión, usada ya de forma irónica. Actuar en caliente puede ser un arma de doble filo. Por un lado, seguiré siendo un firme defensor de las urgencias morales —sin ellas, formatos como este no tendrían sentido—. Por otro, ansío que el llamado «periodismo lento» cope unos medios cada vez más plagados de verborrea y problemas cardiorrespiratorios.

Admito que, en mi ingenuidad, no vi venir el aluvión de críticas que le llovieron a Ibai Llanos después de que el Paris Saint-Germain, nuevo equipo del futbolista Lionel Messi, le concediera una entrevista en exclusiva con el jugador. Tampoco puedo afirmar ser el mayor aficionado del punto al que están llegando fenómenos como el del propio Ibai. Sobrepasar en ocasiones la propia figura del influencer, con el riesgo de despersonalizar. Es un mundo extraño y ajeno para los mortales; no puedo, quiero, ni estoy en posición de juzgarlo.

Nuevas profesiones de un mundo nuevo, cuya partida muchos parecen haberse perdido. Hablo de quienes siguen anclados en un pasado inexistente, negándose a reflexionar para dejar paso a la crítica automática. Pataletas absurdas por parte de aquellos que, por una vez, no les vale con tirar para adelante en velocidad de crucero y a cualquier precio. Y, aunque no me gusta señalar, no puedo por menos que sacar a relucir nombres como los de Juanma Castaño o Pepe Barahona, la concentración exacta en una sola persona —en este caso, en dos, y el resto que serán— de parte significativa de los males de su industria.

Escribía hace ya un par de meses en esta misma casa otra columna que versaba, en parte, sobre profesiones y profesionales. Entiendo que, hace algunas décadas, la profesión significaba algo por un proceso de ingeniería inversa: al estar una carrera o unos estudios superiores directamente correlacionados con una salida probable al mundo laboral, las fronteras eran mucho más claras. Uno podía estar seguro de «ser» lo que había estudiado cuando, a los pocos años, la continuada práctica profesional y, quizás, un puesto fijo, lo avalaban.

Pero eso ya no existe. Las líneas son ahora mucho más difusas, y esa es una realidad que no solo individuos, sino colectivos enteros, parecen empeñarse en evitar. Los estudios son quimera y los golpes han sido norma para los que ahora procuramos buscar un futuro; nos hemos encontrado de cara con el colmo de la meritocracia y eso nos ha hecho ser extra cuidadosos en nuestros trabajos —hayamos cursado o no los estudios correspondientes—. Porque un título no da la profesión, como una suerte de inmunidad diplomática, pero saltarte la deontología sí que te hace mal profesional. Algo, esto último, a lo que el periodismo deportivo, en general, y personas como Juanma Castaño, en específico, están más que acostumbrados.

Y es que todo vale para generar engagement, menos cuando *yo* no puedo hacerlo. Solo con esta sencilla y triste frase se explican las pataletas de veteranos del periodismo, a los que ya no les vale con su posición privilegiada. Por una vez, hay que trabajar de forma honesta, sincera y responsable para que lleguen las oportunidades, para cubrir los errores de una profesión enfangada.

Por suerte, no todo está perdido. Yo no soy periodista, pero si consigo hacer las veces de uno es por mirarme en el espejo de verdaderos profesionales de mi entorno, como Jordi Laguía, Joan Cebrián o Pablo Municio. También de otros que me quedan más lejanos, y que han respondido directamente a la polémica que alimenta este texto, como Fernando Cardenete o Paula García. Necesitamos personas formadas que guíen el camino, que hagan de faros para empleos que ganan enteros con la diversificación. En resumen, necesitamos profesionales de verdad.