La mentalidad, el gran enemigo de DRX

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Alguien dijo una vez que los límites los marcamos nosotros mismos. Cuánta razón tenía la persona que afirmó tales palabras. El mundo está lleno de diferentes seres humanos, desde aquellos que se ahogan en un vaso de agua hasta los que manifiestan que no se creen que el cielo es el límite cuando se sabe que hay pisadas en la luna. Y es que es nuestra propia mentalidad la que en muchas ocasiones nos permite alcanzar lugares insospechados, así como dejarnos estancados y hundidos en el más profundo abismo, algo que ocurre actualmente con el conjunto de DRX.

Esto ocurre en muchos escenarios de nuestro día a día, desde cualquier acción cotidiana que no nos atrevemos a realizar, hasta un deportista profesional que teme enfrentarse a un equipo, ya sea por pasados encuentros o por algún jugador con el que tengan que rivalizar. Por supuesto, los deportes electrónicos no se quedan atrás, puesto que una de las principales lacras con las que los jugadores tienen que lidiar día a día es su propio cerebro.

El ya conocido bloqueo mental

Deft tras la derrota contra DAMWON Gaming en cuartos de final. Imagen vía: LoLEsports

Los jugadores no son máquinas, aunque en muchas ocasiones exista un pensamiento global que intente confirmarlo. No es como si hablásemos de Arnold Schwarzenegger en el papel de Terminator, un robot sin emociones que intenta alcanzar cualquier objetivo tenga a quien tenga por delante. Todo lo contrario. Los propios miembros de las plantillas tienen sus días buenos y malos, así como pequeñas obsesiones con algunos conjuntos y rivales.

Aquí nos encontramos con el ya mencionado ejemplo de DRX durante esta temporada 2020. Los chicos entrenados por Kim Dae-ho «cvMax» han perdido ocho veces consecutivas frente al conjunto de DAMWON Gaming en este año. La última victoria de DRX frente a los actuales campeones de la League of Legends Champions Korea fue en su primer enfrentamiento en verano. A partir de entonces, han sido dos derrotas consecutivas en temporada regular, tres en las finales de la máxima competición coreana y otras tres en los cuartos de final del World Championship 2020.

Pero no hace falta irnos a Asia para hablar de este hecho. En nuestra propia casa, en la League of Legends European Championship ocurre algo similar. Desde la marcha de Rasmus Winther «Caps» a G2 Esports, el equipo de Fnatic no ha sabido encontrarse consigo. Es más, en las series al mejor de cinco, tan sólo han conseguido ganar la que daba paso a la final en verano de 2020. Y ya sabemos cómo finalizó la historia: 3-0 para los chicos de Carlos Rodríguez «Ocelote» y de nuevo un bloqueo mental para el que aún no han encontrado remedio.

El tiempo, tu mejor aliado

A pesar de que este llamado bloqueo puede llegar a ser frustrante, existen soluciones para poner punto y final a la ya mencionada barrera cerebral. La cura, al igual que cuando una pareja se separa o alguien querido deja de estar con nosotros, se llama tiempo. Es cierto que a ello hay que sumar una preparación, así como un entrenamiento previo, pero el tiempo es el mejor aliado para cualquier ser humano.

Rekkles y Uzi. Imagen vía: LoLEsports

Uno de los más claros ejemplos es el de Martin Larsson «Rekkles». El tirador de Fnatic siempre tuvo una tara a la hora de enfrentarse al ya retirado Jian Zi-Hao «Uzi». A la hora de enfrentarse cara a cara, el sueco mostraba señales de nerviosismo que le impedían desplegar todo su potencial. Sin embargo, el pasado World Championship 2019 fue completamente diferente para Rekkles. Aunque perdió la primera partida en la fase de grupos contra el antiguo jugador de Royal Never Give Up, su actuación reflejó que había dejado atrás sus fantasmas. Así fue cuando consiguió vencer al equipo chino y, sobre todo, a Uzi, en el partido clave que les daría el pase a los cuartos de final.

Y es que cualquier persona necesita tiempo para superar las adversidades que se pongan por delante. No todo el mundo nace con una estrella que le permite superar cualquier tipo de obstáculo. Aunque, aparte de esos días o meses necesarios, también es menester apoyarse en el hombro de las personas que nos rodean, ya sea en familiares o en los propios compañeros con los que pasas cientos de horas.

Cambio grupal, pensamiento individual

Una vez que los propios jugadores se dan cuenta de que el bloqueo mental existe, llega la hora de plantear la posible solución. En el caso de League of Legends, un juego de equipo en el que, aunque las figuras individuales importan, hace falta que la compenetración sea máxima para que los engranajes funcionen correctamente.

A veces, la solución más factible es mover a los propios jugadores, como hacíamos cuando éramos más pequeños cuando pasábamos nuestras horas con Pokémon. ¿A quién no le dolía dejar fuera al Charizard con el que se empezó el juego por un poderoso Moltres? En este caso ocurre lo mismo. El equipo de Fnatic hizo lo propio, dejando salir a Mads Brock-Pedersen «Broxah» para incluir a Oskar Boderek «Selfmade». A fin de cuentas, el polaco era alguien que no había sufrido el bloqueo mental contra los chicos de G2 Esports.

Deft y Pyosik, jugadores de DRX. Imagen vía: LoLEsports

Por último, los propios jugadores deben dar un paso adelante y saber dónde están sus propias limitaciones. Tal y como cuenta Numb, de Linkin Park, tienen que encontrarse a sí mismos y no pretender ser como sus rivales. Una persona es como es, no como quieren que sea. De este modo, en el momento en que el mismo jugador se encuentra cómodo con su persona y con los compañeros que le rodean, es posible que llegue mucho más lejos que si se fuerza a estar en una zona fuera de confort.

En el caso de DRX, han de analizar el punto que falla dentro de la plantilla y darle un toque de aire fresco. Renovarse a morir. Acabar con DAMWON Gaming no es un reto imposible, pero el camino que han tomado no conduce a ningún destino. Por lo pronto, sólo les queda descansar, analizarse a sí mismos y olvidarse de los fantasmas del pasado. El mundo de la mente es maravilloso a la par que complejo. Gracias a ella, los chicos de DRX podrán alcanzar metas que jamás llegaron a imaginar o, si continúan por esa senda, ahogarse en la más profunda de las desgracias.