Mi experiencia en Gamergy de Invierno 2017

Mi experiencia en Gamergy ha sido uno de los mejores recuerdos que me llevo de este 2017. Permitidme que me ponga un poco sentimental. Tras tantos años viendo League of Legends desde una pantalla, pensé que esa sería la máxima interacción que tendría con el mundo de los eSports. La de un aficionado que ve tal o cual torneo desde su casa.

Para mí los jugadores, entrenadores, analistas etc. eran entes que existían en una realidad lejana, y paralela a la mía, inalcanzable. Nunca pensé que me dedicaría de forma más profesional a esto, ni que escribiría artículos sobre el tema que la gente leería. Y ni mucho menos me imaginaba viajando a un evento del sector para cubrirlo.

Mi experiencia en Gamergy de Invierno 2017

Me encanta viajar, y cada viaje que hago me resulta una experiencia de la que aprendo muchísimo. Pero por desgracia, nunca he tenido la oportunidad, ni las facilidades, para viajar tanto como me gustaría. De hecho, nunca había estado en Madrid, y cuando llegué a la estación de Atocha me embargó la sensación de haber logrado algo. No tenía claro el qué, pero lo había logrado.

Madrid me resultó una ciudad agobiante, y a la vez carismática. La muchedumbre, para alguien que no está acostumbrado, era abrumadora. Aunque a la vez sentía en cada esquina, en cada calle, y cada plaza el peso de la Historia. Recordé varias veces el lema de la ciudad: «fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son. Esta es mi insignia y blasón.»

Cuando crucé las puertas de IFEMA, y accedí a Gamergy, por un segundo pensé que estaba soñando. Aquello tenía que ser una broma, yo no podía estar allí. Era imposible. Y seguí pensando igual cuando en las horas siguientes me vi a mí mismo hablando con jugadores, coaches, y streamers en persona. Poco a poco, me fui desembarazando de este sentimiento. Gamergy me enseñó que esta gente de éxito, por definirla de alguna manera, a fin de cuentas son personas como tú, y como yo. Tangibles, reales y humanas. Y cuyos logros se pueden emular y conseguir por ti mismo, si te lo propones.

Por otra parte, el ambiente era propicio para pasar un rato memorable. Sobre todo durante las partidas, donde pude ver mi misma emoción en los ojos de otros. Me sorprendió también que, aunque la gran mayoría de la gente era muy joven, también había personas de más edad. Incluso vi una pareja con un carrito de un bebé. Quiero pensar que esto es el síntoma de que, en un futuro no muy lejano, los eSports terminarán siendo aceptados socialmente. Y ese es un futuro en el que yo quiero estar.