Narrativas de día uno

Rekkles G2 LEC

Existe una máxima en la escritura: que la realidad no estropee una buena historia. En la ficción, no es tan importante que la narración sea realista como que sea verosímil, es decir: que parezca realista. «La diferencia entre la realidad y la ficción es que la segunda debe tener sentido». Mientras la ilusión se mantenga, todo irá bien. El problema llega cuando extrapolamos esa regla al periodismo, que precisamente debe basarse en la realidad. Cuando convertimos las narrativas en narraciones.

No hace falta ser periodista para hacer periodismo, como tampoco el título otorga la deontología. Ocurre en todas las casas. A cuántos excompañeros de mi maltrecha carrera de Psicología no les pondría detrás de cualquier tipo de escritorio. El conocimiento declarativo no lo es todo; hay bases implícitas que no te las enseña formación alguna. Hay deberes que tienen que venir hechos de casa.

El caso es que todo tipo de ejercicio —profesional o no— conlleva cierta responsabilidad. Seas o no periodista, la mera condición de altavoz llama a tener cuidado con lo que se dice y lo que se escribe. No es algo de lo que se pueda escapar, por mucho que algunos pretendan negarlo. «No soy quién para educar a nadie», «hacedme el menor caso posible», «esta es solo mi opinión». Sigue sin tratarse de hasta dónde queremos que llegar, como qué cotas alcanzamos realmente.

Mad Lions LEC
Había expectación por ver a MAD Lions estrenarse en LEC. Lo que no nos esperábamos es que suscitaran tanto discurso vacío / Fuente: LEC

Por eso me irrita la plaga de tertulianos e informadores, hablantes y escribientes que se escudan en la falsa modestia. «Yo no soy nadie» parecen gritar de forma velada cuando se les cantan las cuarenta, cuando se equivocan y no tienen más argumento que el caparazón moral que ellos mismos han creado. Son la banca: siempre ganan.

Todo esto viene a raíz de un comentario, un tuit del que ni siquiera recuerdo su autoría, que rezaba «the old kings are back (los antiguos reyes han vuelto)» después de la victoria de G2 Esports frente a MAD Lions del pasado viernes. Y mi introducción es importante, como irrelevante la autoría del comentario. No importa que fuera un jugador, entrenador, periodista o comentarista. Las narrativas de día uno han cruzado el límite de lo manido hasta llegar a lo tóxico.

Esto es algo que tenemos reciente: lo hemos visto reflejado en cierto equipo de Superliga. Ya no importan los cambios, la preparación o el nivel. Tampoco importa si eres fuente interna u observador externo. Lo que importa es hablar y que hablen de ti, o quizá lo era hasta que la toxicidad se apoderó de estas prácticas. Ahora resulta mucho más fácil que te exploten en la cara. Pero seguimos sin aprender.

No dudo de que a varios les parecerá que repito temática, que ya escribí sobre esto la semana pasada. Y en cierto modo tendrán razón. Quizás no debería volver a hablar de esto si no me pareciera un mal endémico, si no se estuvieran sobrepasando las fronteras del marketing y el engagement hasta la irresponsabilidad.

A estas alturas, creo que lo único que pido es que seamos imaginativos. Y responsables.

No clamo la muerte de las narrativas. Solo quiero que se les «venda» su exclusiva a los que sepan ser cuidadosos, a aquellos con pluma suficiente para elaborarlas con mimo, argumento y objetivo. Aludía @KatarsisEsp precisamente a esta mano con la escritura, a lo que yo añado la falta de imaginación.

Tampoco quiero que los periodistas se conviertan en escritores, ni pretendo ser algo que no soy. Sin embargo, de todo se puede aprender. Quizás a más de uno le sobran notas de prensa, previas y crónicas a las espaldas, mientras que le faltan páginas en blanco que haber rellenado con una historia original. Otros deberían evitar el onanismo a la hora de publicar; reflexionar más e imaginar menos.

Al igual que en tantos aspectos —no en todos—, la virtud reside en el equilibrio. ¿Dónde están esos periodistas que trascienden su ejercicio para crear contenido original? ¿Dónde están los escritores e informadores que tienen en cuenta la deontología del periodismo a la hora de publicar? Supongo que, al final, todo se reduce a una mezcla de aptitud y responsabilidad.

Y de leer. Seguiré defendiendo a ultranza que no se lee y que ello implica ecos mucho más profundos de lo que imaginamos. El primer perfil parece no esforzarse por leer narraciones, y el segundo ni siquiera se molesta por formarse en la estructura de la narrativa o la forma del escrito. Lo único que me consuela a estas alturas es no atribuir a la maldad lo que puedo explicar con la estupidez.

Resumiendo, que la explosiva mezcla alquímica que forman la ignorancia, la desinformación y esa absurda manía de no pensar antes de hablar nos han llevado a un desequilibrio peligroso. Un statu quo en que las publicaciones originales e interesantes son tan escasas como el paso de un cometa, y lo manido es legión. Un mundo en que confundimos narración con narrativa, es decir, el día con la noche.