Todo el mundo quiere ser tu enemigo

ocelote G2

«Fue un buen amigo (…) hasta que dejó de serlo». Con esas extrañas palabras respondía Luka «Perkz» Perković a un usuario de Twitter acerca del final de su relación con Carlos «ocelote» Rodríguez. Extrañas por la forma en que contrastan con la despedida que el propio ocelote hacía del que había sido su jugador franquicia. «Luka es uno de mis amigos más cercanos, y viceversa«. Ahora tengo la sensación de que uno no había oído hablar y el otro tenía tatuada una de las normas primordiales del mercado y la competición, del capitalismo y del sistema en el que nos ha tocado vivir: todo el mundo es tu enemigo.

Solo así se explica que ocelote, al que en España parecemos venerar como si de una suerte de semidiós se tratara, incluyera una cláusula en el acuerdo de compra por Perkz que impedía al jugador fichar por Fnatic durante las siguientes tres temporadas. Una condición tan sumamente irregular, desde el punto de vista contractual, que el departamento de esports de Riot Games se ha visto obligado a prohibirla de cara a futuras transacciones.

Sin ánimo de meterme de lleno en lo procedimental, no puedo decir que me sorprenda la decisión de Riot. Sancionar de forma retroactiva un movimiento que no estaba explícitamente vetado suena arriesgado, como arbitraria resulta la falta de pena. No debe ser fácil encontrarse entre la espada y la pared, y no tengo el conocimiento necesario para condenar la sentencia, o la falta de ella.

Lo que sí puedo, y creo que debo, condenar es la estrechísima caladura moral de una situación tan despreciable como poco sorprendente. Con un triste «No puedes superarme, puta» cerraba el CEO de una de las organizaciones más importantes de esports su suerte de comunicado oficial —por llamarlo de alguna forma— sobre la situación. Y es que todo vale en el mercado, como poquísimo valor tiene todo lo demás.

Pero lo realmente grave es que no son pocos los que han elogiado el movimiento, como parte de una filosofía tóxica de hombre de éxito. Qué puto amo, ¿verdad? Ojalá ser cómo él. Mentalidad de tiburón, por eso él está donde está. Procuremos no cegarnos. La cláusula de Perkz no es una maniobra genial de transacción empresarial: es cobardía y ruindad a partes iguales. Una jugarreta sucia como el barro hacia el que afirmabas era uno de tus amigos más cercanos. Al final, el negocio más rentable es vender tu alma.

Claro que, para demostrar integridad hay que regirse por una cierta ética, en primer lugar. Pero la ética no vende, al contrario: es un impedimento para conseguir tus objetivos, imagino que leerán en la autobiografía del último megalómano. Por ello tampoco sorprenden las declaraciones de Yiliang «Doublelift» Peng sobre TSM, en general, y Andy «Reginald» Dinh, en particular. La negligencias de dueños, directores generales y puestos altos/intermedios darían para un monográfico.

Situaciones lamentables que me recuerdan a la que exponía hace unos días la usuaria @Seven_Deven, denunciando la falta de remuneración digna por trabajar en un proyecto multimillonario como Arcane. Y es que en la rueda interminable del sistema nadie se salva: empresas, equipos, CEOs… Si dijese lo que pienso sobre qué tipo de persona hay que ser para llegar y mantenerse en determinados puestos de poder, probablemente esta sería mi última columna.

El caso es que es triste que el jugador más laureado de la historia de Europa se despidiera hace unos días de Cloud9 afirmando que la organización norteamericana había sido la mejor de la que había formado parte. Es triste que el jugador más exitoso de la historia de Norteamérica eche esputos hacia un equipo como TSM. Es triste que una artista tenga problemas para acceder a una remuneración digna trabajando para uno de los proyectos audiovisuales más rentables del año.

Pero más triste es la causa de todo ello. En el uróboro del capitalismo, y a más dinero en juego mayor es el peligro, la penosa realidad es que, en efecto, nadie es tu amigo. Al contrario: todo el mundo quiere ser tu enemigo. Las relaciones contractuales emponzoñan lo humano y el dinero es veneno para todo lo demás. Las mejores intenciones no valen y hasta la mejor oferta de trabajo traerá una mota de yang en su blanco nacarado.

¿Y todo para qué? Para que ganen los de siempre, claro, que no somos ni tú ni yo. Para seguir engrosando arcas y aumentando egos; helio en flujo constante para una burbuja abocada a explotar. Y cuando lo haga, ellos serán los que se salven y nosotros los culpables. Siempre los culpables.