Occidente necesita aprender a querer plantar la bandera

Elyoya Worlds 2021

Mi historia es simple, me apasioné por casualidad a un videojuego que por su época no era tan famoso, se llamaba League of Legends y era el año 2012. En esa época aún jugaba dos deportes: uno era fútbol y el otro era un deporte muy local que era –una especie de rey de la colina– pero con una bandera. League of Legends despertó en mí una emoción que a día de hoy sigue permitiendo que pueda considerar jugar, ver y comentar este mismo, no solo como una pasión sino como un deber. Este deber me llevó concadenadamente a ver los mejores jugadores del mundo, y gracias a un amigo descubrí que este deber tenía un evento y equipos de occidente como el Mundial de Futbol, los Worlds.

Allí estaba yo con 14 años en el portátil de mi padre esperando a que empezará el evento, no conocía ningún equipo, es más no conocía a ningún jugador, pero no sé realmente el motivo que me llevó a ponerme nervioso por las jugadas que realizaban en la grieta del invocador Fnatic, NaJin Black Sword y Team Solo Mid. Una vez acabado el mundial supe una cosa, –joder que buenos son los asiáticos–. En este entonces tres equipos orientales llegarían a semifinales y SK Telecom T1 K se proclamaría por primera vez en su historia, campeón del mundo.

Años pasarían y ese deber seguiría en mí, llegaba finales de año, los mundiales se acercaban y yo nervioso hacía todo lo posible para verlo. Sin embargo, 2016 marcaría un punto de inflexión con el videojuego y conmigo personalmente. Cumplí los 16 años y en esa época tuve uno de los momentos más dolorosos en mi vida, mi hermana se fue a Italia a estudiar, mi abuelo falleció y posteriormente a ese fallecimiento, mi perro con tres meses de vida falleció. Los mundiales convertirían todo eso en alegría, furia, convicción y esperanza.

Esperanza por ver campeonar a un equipo con el que me sintiera identificado y orgulloso de celebrar. Parecía que por fin, occidente marcaría una bandera muy grande en mi deber más preciado, pero de nuevo oriente se impuso. Cuando vi levantar la copa del mundo no me entristeció, me alegró, sabía que si esto me motivaba a mí, motivaría a más jugadores, entrenadores, staff técnico y en definitiva cualquier involucrado en hacerlo mejor y plantar esa bandera al igual que ellos.

Llegaría 2019 y la bandera también se quedaría en la orilla de ser implantada, occidente vivía una de las mejores épocas a nivel de League of Legends. La creación de contenido era sin igual y mi deber era más apasionado que nunca, pero llegó un problema, nos acostumbramos a estar cerca de la bandera.

Esa bandera que llevábamos dos años consecutivos queriendo plantar, se desvanecía con la confianza que mostraban los equipos de occidente –es obvio que vamos a llegar de nuevo a la final– y –si lo hicimos el año pasado, este será igual– leía por todas partes. Se equivocaban, no hay que repetir lo anterior, hay que saber que hay que tener el deber de querer mejorar, querer disfrutar, querer impactar la vida de alguien más o la de uno mismo, pero caímos en el pozo del costumbrismo.

Costumbrismo, como su nombre indica es acostumbrarte a algo, en este caso nos acostumbramos a ser buenos y no a mejorar. Lo podíamos ver en entrenadores, en jugadores, –que coño en la comunidad–, todos nos creíamos que de nuevo occidente volvería a ver esa bandera, pero se nos olvidó que para llegar a la orilla tenemos que aprender a nadar.

Los Worlds volvieron como de costumbre en 2021 y de nuevo la misma historia –occidente volvería a clavar la preciada bandera– se contaba en tertulias, entrenadores, jugadores e incluso entre mis amigos. De momento occidente aún tiene posibilidades, pero por el camino hemos clavado otra bandera –la de la no convicción–. Durante la primera semana de estos Worlds 2021, occidente obtuvo el peor resultado histórico en el videojuego, llevándose a cabo un 4-14. Por símiles tendríamos que retroceder hasta 2014 donde occidente conseguiría un 6-9, que incluso a día de hoy –con menos partidos jugados– es un mejor resultado.

En ese año presenciamos la derrota de TSM y C9 3-1 por parte de Samsung White y Samsung Blue, donde nos quedaríamos finalmente en cuartos y el camino a mejorar sería enorme, pero ya sabéis la historia ¿cierto?. Cambios, mejoras, autocrítica, –si autocrítica es lo que falta en la región, todos aportamos algo al ecosistema aunque creamos que no. Si creemos que tenemos el mismo nivel que oriente, nunca vamos a rivalizar con ellos, pero en cambio, si creemos que podemos mejorar aunque sea –nuestra resistencia a la hora de nadar en el mar– llegaremos a plantar la bandera.

Es hora de que occidente y nosotros mismos, reconozcamos que hay una gran brecha entre occidente y oriente en los Worlds y que esta –no es mala-, siempre tiene que haber brechas, como en el mar hay brechas que separan continentes, países, personas y en este caso convicciones.