Traición suena igual que tradición

Excel LEC

Decía Ursula K. Le Guin que, ante la duda, lo mejor era acudir al diccionario. Según la Real Academia Española, la palabra mercancía puede definirse de dos maneras, y es la segunda la que más capta mi atención: «Trato de vender y comprar comerciando en géneros». Esto nos deriva, a su vez, a la también segunda acepción de la palabra género: «Clase o tipo al que pertenecen personas o cosas». Juntar ambas nos recuerda una verdad incómoda. Salvando las distancias, y bajo capas de derechos laborales y contractuales, los traspasos de deportistas no se diferencian tanto de cualquier otro tipo de transacción. Y en esta pasada semana, Henk «Advienne» Reijenga ha vivido la peor parte de ser, a todos los efectos, un artículo más para la compraventa.

Corría la segunda semana de competición en la League of Legends European Championship. Excel Esports terminaba su quinta jornada con victoria frente a SK Gaming. 2-3 en su marcador y sexta posición en la tabla clasificatoria. Rendimiento aceptable para el único equipo de la máxima competición europea de League of Legends que nunca ha conseguido llegar a playoffs. Su apuesta para esta temporada era familiar: juntar promesas probadas de su academia junto a otros talentosos y veteranos. Proyecto que han tenido a bien desechar en tiempo récord.

Escribía el propio Advienne en su comunicado, tras la noticia de su sustitución, que desde el equipo le habían asegurado que su rendimiento o personalidad no habían tenido nada que ver en la determinación que le ha llevado a una cárcel de oro. «Ha sido una decisión puramente comercial», concluía. Cabe destacar que, en un mundo tan infantil como el de los esports, las formas brillan casi tanto por su ausencia como cuando aparecen, centelleando con luz propia en el TwitLonger del jugador. Una forma de comunicar y gestionar de la que bien podrían aprender otras figuras del sector.

La realidad, como suele ser habitual, es mucho más caótica. Y no es como si Excel Esports no hubiese mentido al jugador en el pasado. «Durante la pretemporada, Excel dejó claro que la plantilla de 2022 se reconstruiría entorno a Mark [Mark «Markoon» van Woensel] y yo». Pero las promesas son solo palabras, y las palabras se las lleva el viento. Ahora, junto al caos que gobierna la realidad se deja entrever una simpleza que asusta. No atribuir a la maldad lo que puedo explicar con la estupidez es una máxima por la que acostumbro a regirme. Un aforismo que me lleva a concluir la versión más probable de la realidad. Con Mihael «Mikyx» Mehle disponible, Excel Esports no se había visto en otra igual.

Contar con un campeón internacional, varias veces ganador de LEC y apoyo reconocido a lo largo de los años atraería al más pintado. Más si, como afirmaba en su vídeo de presentación Wouter Sleijffers, director ejecutivo de Excel Esports: «Nuestro objetivo para esta temporada no es aspirar a playoffs, sino entrar en playoffs». El problema es que no vale con desearlo muy fuerte y, como el deporte se empeña en demostrar, los proyectos sanos y transparentes suelen alcanzar el éxito, mientras que el golpe de talonario habitúa a mostrarse extremadamente ineficiente —y, en ocasiones, insuficiente—.

Para sorpresa de nadie, se han alzado voces en defensa de la decisión del club. Y es que los esports son un mundo en el que abandonar puestos precarios en busca de oportunidades laborales estables y dignas se considera traición, a la vez que la cultura de usar y tirar sigue formando parte de una tradición eterna. Sobre traiciones y tradiciones hablaba la filósofa Ana Carrasco Conde en el último programa de El condensador de fluzo. «Traición y tradición comparten la misma etimología: ‘tradere’. Entregar». Y según el Diccionario de sinónimos y antónimos de Espasa-Calpe, entregar puede sustituirse por traspasar o transferir.

Sea o no casualidad, me gusta pensar que traición, tradición y traspaso son ramas del mismo árbol. Como una suerte de configuración natural que explicaría gran parte de los sucesos que presenciamos a nuestro alrededor. Pero lo que de verdad me ensimisma, haciéndome olvidar por un momento las continuas injusticias de esta escena y de este mundo, es la idea risueña y fugaz de que Ursula estaría orgullosa.