Cuando perdimos la empatía

FunPlus Phoenix FPX Worlds 2021

Por muy extraño que les pueda parecer a quienes me han conocido recientemente, en su tiempo fui un apasionado del deporte tradicional. Como niño, adolescente masculino y después hombre, creo que se grabó a fuego en mí el gusto adquirido por el fútbol. Un deporte que practiqué durante la mitad de mi corta vida, que vi televisado y en directo, a lo largo y ancho del país. Un espectáculo hecho negocio del que me fui alejando paulatinamente, en cuanto percibí la toxicidad inherente a su entorno. Tiempo después recalé en los esports, en busca de aguas más claras en las que poder distinguir la rara avis de la empatía y el respeto.

El tiempo me ha quitado la razón.

La semana pasada denunciaba el vapuleo que estaba sufriendo Elias «Upset» Lipp a raíz de su ausencia con Fnatic en Worlds 2021. Tan volátil como parece, el ecosistema de los esports cambia de tema como de ropa interior en épocas turbulentas. Habiéndonos saciado con el apaleamiento a Elias, tocaba ahora encontrar otros chivos expiatorios con los que ganar interacciones o reforzar nuestra posición. Puede que lo que escriba hoy en esta santa web —parafraseando a José Ángel «Razablan» Mateo— se solape con parte de mi última tesis. Sin embargo, y al igual que afirmaba en mi texto sobre Activision Blizzard: «si esto pasa cada día y no se habla [de ello] cada día, es una negligencia».

Concluyendo la situación en Fnatic, y junto a la parcela de personas que reclaman a Louis «Bean» Schmitz —sustituto de Upset— un rendimiento inalcanzable para su juventud y circunstancias, no faltan quienes dirigen ahora sus objetivos a Gabriël «Bwipo» Rau. Explotada a raíz de una serie de unfollows en Twitter, y expandida por un reciente twitlonger, la situación del jungla da vistas de haber sido todavía más complicada. Problemas personales, unidos a la turbulencia del equipo, que dan una explicación al rendimiento. Un roce a la superficie del problema, no obstante, que incontables voces han vuelto a utilizar para establecer juicios más o menos acertados. Incompletos, a todos los efectos.

Quién sabe, puede que hubiese un cierto resquemor hacia la organización europea, quizá hacia el otrora toplaner —que, admito, no siempre ha sido santo de mi devoción—. Quizá sea mi empeño por seguir negando la realidad.

Inmiscuidos o ajenos a la situación de Fnatic, y habiéndola utilizado o no como herramienta, esas voces encontraron otra arma todavía más afilada. Era vox populi que los representantes de la League of Legends Pro League (LPL) llegaban a Worlds 2021 como favoritos. Con frecuencia, y antes de la inauguración del torneo, podíamos encontrar a equipos como EDward Gaming, Funplus Phoenix o Royal Never Give Up copando el top 5 de escuadras más boyantes. No es un ejercicio de adivinación; la liga china sigue siendo la más potente en cuanto a recursos. Y tampoco era descabellado pensar que las eliminaciones prematuras de TOP Esports o JD Gaming en la pasada edición supusieran excepciones, más aún atendiendo al subcampeonato de Suning. La realidad no atiende a colores.

Pero la realidad es esquiva. Ahora, lo que sí parece una excepción es la victoria de RNG sobre DWG KIA en la final del Mid-Season Invitational. La realidad que se antoja es un nuevo mundial para la League of Legends Champions Korea (LCK), que abra la veda a otra etapa de dominio coreano. Como digo, la realidad es esquiva. Y puede que en esta afirmación resida la clave en cuanto a los gritos, burlas y amenazas que se han llevado los aficionados a la región china. Es posible que el desprecio al que se ha sometido a grupos como ChinaGAP o usuarios como ISAACKING, llegando a los insultos racistas, nazcan de aprovechar vilmente una ventana de tiempo que nunca dura. El ventajismo es efímero por definición.

Apoyar a una región, como Europa o Norteamérica, que históricamente han estado a la cola de otras, como Corea y China, puede ser sufrido, fatigoso y frustrante. Nunca vergonzoso. Donde sí hay vergüenza es en el desprecio. En alegrarse por la eliminación de la mitad de representantes chinos, como un mayor bochorno a que únicamente continúen un tercio de los europeos. En señalar directamente a «los chinos» y «oriente» como foco maligno, que quita la emoción, que no deja ganar a los demás. Lo verdaderamente peligroso, sin embargo, es no ser conscientes de la responsabilidad propia. De qué implica señalar a un colectivo, una región o una organización ante cien mil personas. De dar voz a los discursos extremos y quitársela a los moderados, pues los primeros son los que venden.

No son las regiones, ni los equipos, ni los jugadores, ni las organizaciones, ni los programas, ni siquiera el tono de piel. Todo son excusas para demostrar superioridad, para tapar la inseguridad en nosotras/os, hacia quiénes somos. Es muy jodido convivir con una/o misma/o, sin utilizar las desgracias ajenas para reforzar una posición que sabemos endeble. Supongo que ha sido el mundo, el sistema socioeconómico, las circunstancias precarias lo que nos ha polarizado. Lo que nos ha hecho entrar en una nueva y triste etapa, si es que alguna vez la dejamos atrás. El tiempo que los estudiosos y convivientes del futuro señalarán como la era en la que perdimos la empatía.