Edad de hielo

T1 Faker Worlds

Me sorprendo con varias opiniones recientes en el ecosistema de esports sobre que estos Worlds 2021 han sido uno de los peores de la historia. Faltos de nivel, de narrativas, de un buen metajuego, de interés general, de un stage a la altura… De lo que sí teníamos antes y ahora no tenemos. Y lo que creo es que, como en tantos ámbitos, no sabemos lo que queremos. Las expectativas se intoxican por un tiempo pasado que no siempre fue mejor. Pero nuestro cerebro se empeña en agarrase como clavo ardiendo a esos recuerdos bonitos, agradables, satisfactorios. Al lado bueno de las cosas.

Los deportes electrónicos viven en una edad de hielo perenne, y es que solo así explico su constante polarización. Las opiniones se han extinguido para dar paso a las verdades universales. «Faker debería retirarse, ya no es ni la sombra de lo que fue». «La semifinal entre Gen.G y EDward Gaming fue una serie de muy poco nivel, me parece increíble que a alguien le pueda gustar eso». «Indudablemente, Flakked es el tirador que G2 necesita, no sé cómo la gente no puede verlo».

Yo también he estado ahí. Yo también estoy ahí, pero he aprendido a comedir mis opiniones, en fondo y en forma, para que parezcan lo que realmente son: opiniones. Grises, difusas e inconclusas. Tesis grosso modo, sustentadas por argumentos grosso modo, pero rara vez formadas por pilares sólidos. Esto no significa que carezcan de valor —si fuera así no me molestaría en escribir una columna cada semana—; las opiniones tienen el poder de alcanzar nuestras emociones de una forma mucho más fácil e inmediata que cualquier análisis. Son también, por ello, mucho más peligrosas.

Sí, como yo, sois de las/los que frecuentáis Twitter demasiado, os habréis topado con las dramatizaciones del párrafo anterior de manera mucho más frecuente que con otro tipo de afirmaciones. «Faker ha variado el perfil desde sus inicios y, aunque hace tiempo que dejó de ser un jugador explosivo, creo que sigue estando a un nivel altísimo». «El Gen.G – EDward Gaming, dentro de que pueda haber sido una serie de menor nivel desde el punto de vista analítico, pienso que no ha dejado de ser un enfrentamiento de élite en ningún momento». «Aunque le sobren los argumentos mecánicos y la fortaleza mental, considero que Flakked ha demostrado menos competitivamente que otros jugadores como para que su salto a G2 sea de garantías».

Ninguna de estas frases parece carne de interacciones, ¿verdad? No hay pontificación alguna o pretensión por querer disfrazar una opinión de verdad inmutable. En consecuencia, tampoco son excesivamente concluyentes, dada la falta de información inherente a las opiniones rápidas y poco formadas. Como suelo, me niego a pensar que sea un problema individual. La búsqueda rabiosa de interacciones nos enfría hasta la polarización inconsciente y Twitter suele plantar la incómoda duda en nosotras/os de si somos unas/os paranoicas/os o deberíamos serlo. De si esa persona tan soberbia me está atacando a o si debería siquiera importarme.

La realidad, sin embargo, parece mucho más caliente y difusa. Twitter —por seguir con un ejemplo que abarcaría muchas otras redes sociales— no es ni debería ser un reflejo constante de nosotras/os mismas/os, y lo que publicamos, por lo general y por definición, no tiene demasiado valor. Tampoco es problema de las opiniones en sí, sino de la falta de un motivo honesto por publicarlas. Quien no conoce a Dios, a cualquier santo le reza, que viene a ser lo mismo que equiparar una opinión tan formada y necesaria como la de Ainhoa «Noa» Campos en relación a la presencia de mujeres en los esports, con lo que la última cuenta anónima tenga que esputar.

Faker seguirá compitiendo, EDward Gaming ha vuelto a poner a China en el mapa y Flakked probablemente se convierta en el nuevo tirador de G2 Esports. Al final del día, nuestras opiniones rara vez cambiarán los hechos y puede que esa sea la realidad que tengamos que aceptar. A estas alturas, quizá lo único que sepamos con certeza sea aquello que afirmaba José Ángel «Razablan» Mateo: no tenemos ni puta idea de nada.