Muy poco espíritu

Disaster Chef captura

Estoy cerca del fondo. Lo noto, casi puedo tocarlo con las manos. En otra etapa de episodios de ansiedad y sensación de estancamiento, lo que veo a mi alrededor ofrece poco consuelo. Empresas comprando empresas, estudios que siguen primando la cantidad por encima de la calidad, famosos famoseando. El mundo es hostil, violento e injusto, y parece que el último de los problemas sea que Rigoberta Bandini no vaya a ir a Eurovisión, pese a tanta razón que tuviera cuando cantaba aquello de «too many drugs, muy poco espíritu».

Enero pasará a la historia, pero no todo lo que pasa a la historia merece ser recordado. A la monstruosidad que supuso la compra de Activision Blizzard por Microsoft por 68.700 millones de dólares —más del PIB de países como Bulgaria, Croacia o Urugay—, se le une la de Bungie por Sony, ínfima en comparación. Por otro lado, y en su cruzada particular, el conglomerado Tencent Honldings Limited ha invertido en más de 100 empresas solo en 2021, y yo ya no sé cuándo se rompieron las reglas del juego en favor del capitalismo más agresivo. Si es que llegó a haber tablero, en primer lugar.

En la víspera de San Blas tuvimos el anuncio de Renata, un nuevo campeón en League of Legends, apenas semanas después de que Zeri aterrizara en los servidores principales. Y es que la historia, en realidad, es la intrahistoria. Por ello, me gustaría saber si, en una maniobra más puramente política —cuando la economía es el poder fáctico, las empresas son gobiernos—, dicho anuncio apresurado no sea una estratagema para desviar la atención. Y es que resulta desagradable mirar a uno de los estados más caóticos y deplorables del juego estrella de Riot Games en materia jugable. Una situación lejos de terminar, dada la miríada de sistemas que la desarrolladora no para de añadir, como un cocinero enloquecido.

Hablando de cocinar, empezaré diciendo que no me gusta. Lo que gasto de más en la cesta de la compra no es por alimentos, sino por tiempo. Un tiempo con el que luego no sé qué hacer. Sin embargo, y si las circunstancias apremian, soy el primero en ponerme el delantal, con a buen seguro más acierto que Kay’s Cooking o alguno de los participantes de Disaster Chefs. Entiendo que esa era la idea: juntar a un grupo de creadores con miles de seguidores a sus espaldas, auténticos triunfadores de nuestro malogrado sistema, un ejemplo para las nuevas generaciones. Una élite con una sección significativa de la cual no me sorprendería que el pasado miércoles supusiera su primer contacto con una sartén.

Aprecio demasiado conocer, saber, experimentar o viajar como para irme de este mundo antes de tiempo. Pero lo que no es implacable es mentira, y lo que no es mentira es arbitrario. Cuando lleguen tiempos mejores, seguramente mi salud mental lo agradecerá, pero es probable que me quede sin temas para escribir. Todo esto se ve mejor desde la precariedad: la vista fantástica e incomparable de un mundo en llamas. Entiendo a aquellos que necesiten de algún tipo de droga para sobrellevarlo. Las drogas nos han acompañado desde el principio, y no me cuesta imaginar por qué. Las drogas y la falta de humanidad, cuya autoproclamación se va difuminando con el tiempo. «Too many drugs, muy poco espíritu». And I love drugs, pero también I love espíritu.