Para todos los públicos

pegi

Nunca he opinado sobre videojuegos en esta casa, y no es por falta de opiniones. Podría decir que la crisis entre Ucrania y Rusia, o las desavenencias recientes en el Partido Popular han rebajado a un nivel todavía más irrisorio las polémicas en los esports. La realidad es que no ha habido polémicas o, si las ha habido, prefiero no acordarme. Quizá no haya prestado la suficiente atención. Quizás es solo que me apetezca hablar sobre videojuegos genéricos e ideología. Quizá mañana quiera escribir poesía.

2021 fue un año «decepcionante» para la escena interactiva. Aparentemente, los cientos de títulos lanzados, las decenas destacados y los otros tantos notables no han sido suficientes para nuestro apetito insaciable. Joyas como Inscryption, Deathloop, It Takes Two, Unpaking o Loop Hero no bastan porque lo único que basta es la cantidad desmedida. Un hambre voraz del que las compañías parecen ser cada vez más conscientes.

2022 apunta a ser *el mejor año de la historia de los videojuegos*. Por una calidad presunta, difícilmente comprobable de antemano, pero sobre todo por la cantidad prometida. Solo en el primer cuarto del año: Leyendas Pokémon Arceus, Dying Light 2, Sifu, Lost Ark, Horizon Forbidden West, Elden Ring, Gran Turismo 7, Triangle Strategy, Ghostwire Tokyo, y Kirby y la tierra olvidada. Esto sin nombrar relanzamientos u otros títulos menores. Si estáis tan abrumados leyéndolos como yo escribiéndolos, quizá sea por la misma sensación que da entrar a un bufet libre sin demasiada hambre.

La cantidad no es un problema en sí misma, mientras que la calidad técnica se encuentra a menudo sobrevalorada. Llevo demasiado tiempo unido a esta industria, en calidad de consumidor y más que eso, como para haber aprendido a apreciar la palabra significativo. Y lo significativo es una rara avis. Claro que lo que tiene significado para mí puede que no lo tenga para ti, pero hay obras que sin duda lo buscan de forma activa. Y otras, muchas otras, que no.

Que algo sea accesible para todo el mundo no es negativo, al contrario. Que lo sea para todo tipo de sensibilidades denota equidistancia, pues lo genérico suele estar despojado de comentario alguno. Una estrategia consciente por parte de algunas compañías para abarcar un público más amplio, llegando incluso al absurdo de negar la connotación política de un producto cultural. Ubisoft ha hecho buen ejemplo de ello, y no dejo de pensar que tienes que creer a tu público realmente estúpido para rechazar activamente lo político en juegos que tratan la ultraviolencia, el sectarismo o el uso de drogas.

Se nos llena la boca con el valor artístico de los videojuegos, a la vez que preferimos tratarlos como bienes de consumo asépticos, vacuos, genéricos. Remover la conciencia es desagradable, hacer reflexionar es pesado, apelar a la sensibilidad es cursi. La política fuera de los videojuegos, pero para que los videojuegos lleguen a ser arte deberemos aceptar antes o después sus connotaciones políticas, o lo inadecuado de su equidistancia —cuando la haya—. La cantidad no me pone tan enfermo como lo genérico, pues no existe eso del «exceso de significado». Lo que existe es un medio que parece estar avanzando a un ritmo mayor que algunos de sus productores, y que la mayoría de sus seguidores.